viernes, 25 de noviembre de 2011

Kwaku

Acabo de hablar con Wisdom, el encargado del orfanato en Akwadum. Me ha dicho que ha llegado un nuevo inquilino. Kwaku solo tiene dos semanas y media, su madre le ha abandonado en el hospital pero ha tenido la suerte de haber llegado al orfanato donde ahora Mama Leticia le cuida y dónde cuenta con 9 hermanitos. Estoy deseando conocerle. ¡Bienvenido a nuestra familia Kwaku!!!!

jueves, 24 de noviembre de 2011

Kwame y Kwabena



Conocí a Kwabena por casualidad.
Estaba yo visitando a una amiga en su casa cuando llegó él para trabajar. Con un machete va de casa en casa para cortar el césped. Se puso a trabajar a las 14 horas bajo el sol, sin parar. Una hora y media después me di cuenta de que seguía allí, hacía muchísimo calor y salí para invitarle a una cocacola y que descansara un poco. Le llamé, me presenté y le pedí que se sentara a mi lado. No sé si había visto o no a muchos blancos antes. Era muy educado, un poco tímido, le dí la cocacola con la intención de que parase a tomársela, pero me dijo que prefería llevársela a casa para compartirla con sus hermanos.
Cuando estás en África y algo así te pasa, te sientes totalmente insignificante, y ridícula. Me levanté y entré en la casa, no quería entretener a Kwabena, sabía lo importante que era para él terminar el trabajo y que le pagasen.
Cuando entré le pregunté a mi amiga qué sabía de él: Kwabena es el sexto de ocho hermanos, cada uno de un padre, de hecho el suyo murió hace años. Tiene un hermano pequeño que se llama Kwame (10 años) que le acompaña a todas partes y una hermana más pequeña de 7 años. Los 5 mayores son todo chicas adolescentes, una acaba de tener un bebé de padre desconocido, otra de ellas está embarazada. Nadie trabaja en la familia, y cuando digo nadie incluyo a los padres. No es que físicamente no puedan, es que dejan todo el peso en manos Kwabena. El día que él no lleva dinero, no se come.
Empezaba a oscurecer y allí seguía, agachado, machete en mano y sin parar. Mi amiga le llamó para que parase, le invitó a comer un plato de arroz y le pagó.
Desde esedía no me pude quitar a Kwabena de la cabeza y volvía de vez en cuando para verle a él y a su hermano Kwame y continué aprendiendo cosas sobre mi pequeño héroe. A veces no iba al colegio, estaba cansado después de trabajar duro el día anterior. Comían solamente una vez al día y a veces ni comían. Nunca se quejaba, estaba resignado. Tenía unos brazos fuertes de trabajar y trabajar pero estaba extremadamente delgado. Le encantaba el fútbol. Cuidaba de sus hermanos pequeños, siempre pendiente de ellos. Poco a poco Kwabena fue ocupando parte de mis pensamientos, se había convertido en alguien muy importante.
Hablé con él de la importancia de ir al colegio y de aprender bien inglés para poder intentar tener un futuro mejor. Me dijo que quería venir conmigo a España. Ojala pudiese darle esa oportunidad. Le expliqué que las cosas son mucho más complicadas de lo que parece, que hay leyes que se deben cumplir. Estaba frente a un niño que no era tan niño porque había crecido a la fuerza, una persona humilde, buena, trabajadora, cariñosa, responsable... no podía no hacer nada. No valía con regalarle galletas, o invitarle a una cocacola de vez en cuando. Hablé con él y llegamos a un acuerdo: yo le pagaría el curso escolar, los libros, el material y el uniforme (qué bien lo pasamos juntos en el pueblo comprando el uniforme, nunca había tenido uno y estaba feliz), a cambio él tenía que hacer el esfuerzo de aprender bien inglés, asistir a clase y trabajar duro. Si el primer año iba bien, seguiríamos con el siguiente curso.
Cuando mi hermana conoció el caso decidió hacer lo mismo por Kwame, el hermano de Kwabena, y unos amigos también quisieron "apadrinar" a la más pequeña.
Para eso tuve que hablar con la madre. Me acompañó mi amiga porque la familia no sabe inglés, sólo hablan Twi. No fue fácil primero, porque tuve que ir a su casa y sabía que eso me iba a impactar mucho más. Ese día llovía, y Kwabena me llevó hasta allí, esperé fuera y salieron las dos adolescentes (la que tenía el bebé y la que estaba embarazada) y detrás de ellas la madre. La casa era una construcción sin acabar, los huecos de las ventanas estaban,pero no había ni cristal, ni mosquitera, y sólo una habitación tenía techo, y allí se metían los 8 hermanos, los padres y el recién nacido.Todos en el suelo, ni una silla, ni una mesa, nada.
En segundo lugar me resultó difícil porque sentía verdadera antipatía por esa mujer, que no sólo se había dedicado a traer a 8 niños al mundo a los que no mantenía, sino que cargaba a Kwabena con la responsabilidad de sacarlos a todos adelante.
Fui muy dura (y ahora pienso ¿quién narices soy yo para hablarle así a nadie?) Le expliqué mis intenciones y se me puso de rodillas a darme las gracias, le dije que en lugar de eso se dedicara a buscar trabajo, tanto ella como su marido y las hijas. Todos sanos, todos capaces, pero unos vagos irresponsables. Le dije que entendía que Kwabena debía ayudar pero no cargar con tanta responsabilidad y que si me enteraba que las cosas no cambiaban avisaría a asuntos sociales para que se llevase a los dos más pequeños. Ella no sabía que contestar, decía que si a todo, miraba al suelo avergonzada. No me siento orgullosa de lo que le dije, pero debía dejar las cosas claras.
Por supuesto ese dinero no lo custodia la madre, sino mi amiga que se encarga de darles a los niños cada semana en dinero necesario para el autobús y la comida.
Creo fielmente en que las personas recogen lo que siembran y sé que a Kwabena le espera algo bueno, porque se lo merece, porque es un pequeño gran valiente.
El día que nos despedimos nos habíamos escrito cartas de despedida. Me fui deseando haber hecho lo mejor, creo que le doy lo mejor que le puedo dar, una educación, y espero que algún día pueda venir a España y yo le pueda ayudar.
Le mandé las fotos que tenemos juntos y yo tengo algunas puestas por casa (¡cómo si fuese posible olvidarle!)
Por mi amiga sé que le va bien y que me echa de menos, como yo a él, que cada día me despierto pensando que al menos de lunes a viernes les dan de comer en el colegio. En breve me mandarán el boletín con sus notas y estoy segura de que todo irá bien.
Me encontré con Kwabena por casualidad, o quizá no, aún así viva la casualidad!
Nuestro último día, empapados, pero disfrutando de nuestro último ratito juntos

miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿Por qué los voluntarios siempre pedimos dinero?

En esta entrada de un blog que sigo están los motivos de por qué el dinero es la mayor ayuda que podemos dar, mucho más que material escolar, ropa, juguetes o cualquier otra cosa

http://ghaneantes.wordpress.com/2011/10/13/las-buenas-intenciones-no-son-suficientes/

domingo, 30 de octubre de 2011

El colegio, parte I

Los más mayores del cole en la función de final de curso.
Uno de nuestros talleres
Hora del descanso y Antuán con su mochila a cuestas (no se la quitaba jamás, ni en el autobús ni en laescuela; tenía miedo a perder el almuerzo y los 50 céntimos que su madre le daba cada día para pagar el autobús y la comida) :-(
Curiosidad por la cámara
El mejor momento del día. Llegar con el autobús, tocar el claxon y empezaban a salir niños de la nada, con una gran sonrisa y con ganas de ir al cole.
El autobús escolar que tantos problemas nos dió y que ya no funciona:-(
Jessica, tan pequeña y con tanta personalidad. Bailando es algo alucinante.
Los más pequeños duermen la siesta

Rueda pinchada, una de tantas veces que tuvimos que caminar al cole.
Bailando
Cabecitas y más cabecitas apretadas en el autobús, y aquí aún faltaban unos cuantos por subir
Hora de rezar y cantar el himno
Repartiendo el material escolar
¡Les encantan las fotos!

sábado, 29 de octubre de 2011

Leyendo y leyendo

Desde que he vuelto de Ghana, intento mantenerme al día de lo que por allí pasa. Poco a poco vas encontrando blogs de gente increíble que lo ha dejado todo y se ha ido para allá a ayudar a los demás. Es gente valiente que merece todos mis respetos y a la que envidio profundamente porque tienen eso que a mi me falta.
Os dejo aquí una entrada de un blog que estaba leyendo que explica a la perfección cómo vive la gente en Ghana, espero que os guste, buenas noches

Retrasos

Hola a todos, no me he olvidado de que debo seguir contando el viaje, pero abrir la libreta y copiar significa acordarse de todo y acabo teniendo una sensación de pena e impotencia.

Como ya comenté envié el dinero de los collares y pulseras y ha venido muy bien porque el autobús escolar se estropeó, intentaron utilizar el dinero para repararlo, pero ha sido imposible, se acabó, ya no hay autobús, así que se está utilizando el dinero para alquilar trotros que llevan a los niños al cole todos los días. Hemos descubierto dos páginas nuevas: http://www.toysforghana.com/Toys_for_Ghana/Hola.html (la iniciativa de un valenciano dispuesto a que los reyes magos lleguen a Ghana) y http://www.trip-drop.com/ para aquellos que estén pensando en viajar y echar una mano con material en colegios y orfanatos necesitados en cualquier lugar del mundo.
Aquí tenéis algunas fotos más de Ghana. Buen fin de semana a todos


Paseando por el mercado
Días de lluvias y tormenta
Camino a la parada del autobús para llevar a los niños al cole
El curandero y sus hierbas

Siempre sobrevolando el mercado
Pasando las horas en la calle con poco que hacer
La comisaría de policía mejor no tener que pisarla
Más niños trabajando
Lagartos por todas partes

miércoles, 12 de octubre de 2011

as time goes by

El dinero se envió, al cambio fueron 468 Ghana Cedis, y en cuanto se gasten os haré saber en qué.
Estaba con la libreta a punto de copiar otra de las entradas pero cada vez que lo leo me da bajón. Es curioso porque no están escritas en ese tono, en absoluto, están escritas desde un punto de vista muy positivo, pero releerlas me pone triste, así que directamente las voy a volver a contar, como si fueran nuevas y ya desde la distancia en el tiempo que parece que ayuda.

Cuando llegué a Ghana poco sabía de cual iba a ser mi cometido, sólo sabía que iba a estar en un orfanato con niños. Creo que una vez allí cada uno decide implicarse más o menos. En el orfanato viven en este momento 9 niños. Hay capacidad para muchos más pero no hay dinero para mantenerlos. la filosofía es tener tantos como sea posible siempre y cuando se les pueda mantener bien. La más mayor tiene 10 años y el más pequeño 3. Sarah, Grace, Gloria, Steven, Louis, Didi, Kwasi, Phoebe y Nanazen son increíbles, es imposible no quererles, es imposible no aprender con ellos y por supuesto son niños muy afortunados.
Cada uno de ellos tiene su historia personal, son historias muy duras, desde un abandono, pasando por una muerte debido a una enfermedad, una violación de una madre que aún era una niña, una mujer con problemas mentales, otra con problemas de drogadicción que olvidaba alimentar a su hija... Por eso tienen suerte, porque alguien lo denunció a asuntos sociales, se tomaron medidas y ahora viven en un hogar, dónde se ayudan unos a otros, bajo el cuidado de Mama Leticia que los quiere como si fuesen suyos y bajo la protección de Wisdom (una persona excepcional de la que ya hablaré más adelante, un tío increíble, un amigo) que vive por y para ellos. Estos niños son afortunados además porque pueden asistir al colegio.
Cualquier cosa les hace sonreír, son agradecidos, lo dan todo por una caricia, son divertidos, se tratan como hermanos y los más mayores ayudan a los pequeños constantemente. Saben por qué están allí, su situación. Podrán permanecer en la casa hasta que acaben la universidad y así ayudar al cuidado de los más pequeños.
Cuando acabó el colegio y empezaron sus vacaciones de verano cogía un trotro para ir a verles y jugar un rato con ellos. Se entretenían con cualquier cosa. Pasamos una tarde entera jugando con gómets (esas pegatinas de colores y formas diferentes) No les hace falta más. Ni play station, ni bicicletas, ni nada sofisticado. Hacíamos puzzles, leíamos cuentos, bailábamos... todo eso en un ambiente bastante caótico porque todo sea dicho les faltaba un poco de disciplina jajaja.
Los quiero a todos, si pudiese darles una vida mejor sin duda se la daría, a todos ellos. Ahora les echo muchísimo de menos, sobre todo porque allí no tienen ordenador y el acceso al teléfono es muy limitado. Por suerte hablo con Wisdom que me pone al día y sé que reciben mis cartas, me cuenta cómo les va, pero no es lo mismo.
El día que me fui, después de casi 2 meses fue el más duro. Los más pequeños no entendían muy bien, me preguntaban si me iba a mi pueblo y cuánto iba a tardar en volver. Y en ese momento te sientes fatal, porque les estás abandonando, como un día lo hicieron sus familias con ellos. les prometes que vas a volver porque realmente tienes la intención de hacerlo, pero sabes que en esos meses, hasta el siguiente viaje ellos no van a saber de ti, no sabrán que cada día me acuerdo de ellos y que son especiales. El que peor lo pasó fue Kwasi, y lo recuerdo sin sonrisa, abrazándome fuerte mientras yo me tragaba las lágrimas y que no se diera cuenta y me decía Madamme Laura, ¿por qué te vas?


En la puerta del orfanato
Los más peques de la casa
El colegio
El orfanato, una de las dos casas permanece cerrada, si hubiese más dinero habría espacio para el doble de niños.



Steven

Jugando
Las mellizas Gloria y Grace
Sarah
Louis
Didi
Kwasi
Nanazen
Phoebe
Jugando con pompas de jabón